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Diarios secretos
El sábado de la semana pasada salí con Andrea.
Andrea es un chico italiano que conocí en el trabajo. El trabajo aunque la mayor parte del tiempo es un asco a veces te hace conocer a personas extraordinarias.
Esta entrada la empecé el sábado por la noche cuando llegué a casa, pero no la pude terminar, la cosa es que me contó su viaje a Italia (hacía un tiempo que no pasaba por casa) y dos historias que le pasaron.
La primera la voy a omitir, creo que es muy triste y me cuesta mucho encontrar la manera de contarla.
La segunda va más con el rollo de este blog (si tiene alguno):
El abuelo de Andrea murió hace 10 años, y recientemente su mujer (la abuela de Andrea) encontró limpiando la parte de arriba de un armario un antiguo diario suyo.
Su abuelo era un campesino, un hombre al que Andrea recuerda estar de “sol a sol” trabajando la tierra, un hombre que aparentaba ser sencillo. En ese diario escribía todos los sentimientos hacia ella, la relación y los problemas que tenía con sus hijos. Ella no se imagina cuando pudo escribirlo y tras leerlo quemó los diarios sin contárselo a casi nadie de la familia, quería que quedaran las cosas entre ellos dos.
Recordé la historia de Maus en la que el padre de Spiegelman quema los diarios del campo de concentración que tenía su mujer.
Dejo una foto de un edifcio en la zona de Alonso Martinez que vimos paseando una tarde por el centro
Voy a echar de menos los paseos con Andrea, a Madrid no tanto.
Femme fatale
Estará fumando, por eso debe ser que la llaman fatal, es la maldad que se extiende sobre la espesura, es un único y precioso copo de nieve en la estepa, diferente al resto estará demasiado ocupada haciendo que un encendedor recorra suavemente sus largos dedos acabados en uñas largas como las que necesita un animal salvaje para defenderse de otros depredadores, pero en este juego ella es el eslabón más alto de la cadena trófica.
Tiene imitadoras que jugueterán con una pajita mientras da pequeños sorbos de un refresco de cola light y terminan cada frase alargando y elevando progresivamente la última vocaaaaaaaaaal, de esa ,maneraaaaaaaaa tan repelente, pero lo fatal es aguantarlas.
El ser que es objeto de estudio parecerá aburrida, quizá preocupada. Pero lo más importante: El tipo que la acompañe siempre parece menos significante, peor, de lo que tu te crees, la pregunta es un resorte que salta de tu cabeza…¿qué no tengo yo para estar con una mujer así?
Lo que tu no sabes, y esto es lo más gracioso, es que ella ya te ha escogido, te va a bailar el agua todo lo que necesita para hacer que tu sientas que tienes dominada la situación, tú, capitán del Titanic divisando desde la proa el horizonte recortado de azul infinito justo cuando ella aparece sin hacer ningún ruido por tu espalda, y grácilmente aferra tu fuerte brazo y te besa apasionadamente. Mientras, tu barco se acerca peligrosamente al cataclismo helado del iceberg, afilado como sus uñas, frío como su corazón.
En el bote de salvamento fuma indiferente, por eso la deben llamar faltal.
La máquina enigma.
Hola, hace un tiempo que no escribo, me puede la pereza, y como cantaba extremo (más o menos en Quemando tus recuerdos) y la memoria me engaña, me se come la desidia y me cuelgan las arañas .
Hoy voy a hablaros de la máquina enigma:
La maquina enigma era utilizada (principalmente por los nazis) para enviar y recibir mensajes codificados.
En todas las relaciones tenemos un código con la otra persona, nuestra propia máquina enigma, cualquier palabra en una conversación casual acompañada de una mirada nos hace sentirnos miembros de uno de los clubes más selectos del planeta.
Llega un día que perdemos la cartilla de los símbolos, allí donde teníamos la conexión nace una pequeña costra que se va endureciendo, y dónde valía una simple mirada ahora tenemos gritos, donde teníamos la comprensión encontramos dudas, empezamos a hablar un idioma extraño en el que no sabemos muy bien qué quiere decir nadie.
Hemos cambiado nuestro idioma y no sabemos muy bien en qué momento, entonces sentimos que la otra persona es un Enigma, una máquina a la que descifrar mientras nos manda señales.
Y yo todavía sin el receptor de la TDT.
El amor en los tiempos de la gripe A.
-¿Seguro que te llevas esta? Me pregunta el vendedor encuerado por decimoquinta vez.
- Seguro, es la que mejor me va.
- Mira que tengo la que tiene cremalleras en la boca a mitad de precio…bueno,tu te lo pierdes- y me sonríe picaronamente.
Yo salgo satisfecho con mi compra dentro de una bolsa de lona y me detengo a unos metros de la tienda a contemplara, escuché una vez que las máscaras antigas habían sido diseñadas en la primera guerra mundial con el efecto de provocar miedo entre los enemigos, y esta no es una excepción.
Empiezo a avanzar hasta doblar la esquina porque el dependiente encuerado me sigue mirando apoyado en el marco de la puerta, podría haber ido a una tienda de artículos militares, pero esto me parecía más divertido y más responsable, aunque he pasado un poco de apuro haciendo que el chico encuerado me descolgara con un gancho diferentes tipos de máscara.
El propósito de comprar una máscara ha sido el poder ver a mi novia con total tranquilidad, cuando me llamó esta mañana diciéndome que iba a estar en cuarentena una semana, casi muero de angustia por no poder ver a mi pastelito de crema, ya que no puedo pasar más de dos días sin verla, entonces he recordado la tienda en Chueca que veo todas las mañanas cuando voy camino de la oficina, esa que parece que en el sótano en vez de almacén tiene un potro de tortura y un cepo.
He quedado en ir a a mi novia esta tarde, la he dicho que tengo una sorpresa, ella me ha dicho que estoy loco, yo la he dicho que no se preocupe. Tiene miedo de que me pase algo, aunque la he tranquilizado diciéndola que tenía una mascarilla y que no me iba a pasar nada.
Una mascarilla de papel se me antoja insuficiente contra unos gérmenes tan malvados como los de la gripe A, no tiene comparación con una buena máscara con un robusto diseño en cuero negro, reforzado con tachuelas metálicas y dos filtros de carbono para purificar el aire.
Decido ponerme la máscara en su ascensor (en parte me hacía gracia andar por la calle con ella, pero el sentimiento de vergüenza me ha vencido), y me ajusto las correas. Me siento poderoso, tanto como para meterme en el reactor de todas las centrales nucleares rusas y después subir a todos los ascensores de Madrid, con esto es imposible oler ninguna emanación de gases.
Según llamo al timbre veo a mi novia con el pijama de felpa y con un pañuelo de papel en la mano intentando coger al gato para que no se escape al descansillo, tiene la mala costumbre de no mirar por la mirilla y el impacto visual de la máscara hace que se desmaye cayendo en redondo al suelo teniendo la suerte de no golpearse en la nuca con el paragüero de porcelana con cines grabados.
Mientras la estoy abanicando de cuclillas con las cartas del banco y llamándola a gritos (que suenan ahogados con este cacharro) el gato se me lanza encima y empieza a arañarme furiosamente.
El próximo día también compro una fusta, hay que se precavido.
There is a train…
El jueves pasado día 29 estaba en un tren de la línea 6 del metro de Madrid, en el vagón de un tren de la serie 5000, son esos trenes que parece que han sido testigos de la transición española, del asesinato de Carrero Blanco (del que hablaremos algún día de estos por aquí) y de las inauguraciones de los pantanos de el Caudillo.
El dato objetivo es que estos trenes llevan en activo desde principios de los 70, antes de que se desarrollaran los sistemas de aislamiento acústico y cuyo traqueteo provoca que los extintores no paren de vibrar y de oscilar durante todo el trayecto.
Lo característicos de estos trenes es el elegante chapado en madera del interior del vagón, todo un atentado contra el buen gusto, si a eso le añadimos los periódicos gratuitos hechos trizas y revoloteando por los asientos obtenemos una imagen del metro sacada de La escalera de Jacob

Entra un hombre en el vagón, me ha preguntado la hora y ha suspirado tranquilo: “Voy bien” (y yo pienso que está a unas horas de estar como mínimo bien) lleva una yonki-birra en la mano (yonki-birra es el término por el cual designamos habitualmente las latas de cerveza de 50 cl, aunque mi hermana la llama yonki-lata), el hombre contrasta mucho con otras pasajeras de el vagón que también están bebiendo cerveza de medio litro, son dos chicas jóvenes con pinta de erasmus, el contraste entre la yonkibirra y las zapatillas de Lacoste que lleva puestas hace que sonría, ella me devuelve la sonrisa.
Querido blog…
…te escribo a ti, que eres mi incansable compañero (y mi rinconcito), últimamente habrás notado que hago muchos borradores de las entradas, que dejo a medias y acabo sin publicar.
Puedo empezar a hacer una entrada sobre una película, sobre una experiencia, o sobre cualquier chorrada y de repente pof!, me empiezo a preguntar si realmente quiero escribir sobre eso y si está bien escrito y si…
Cuando voy a terminarlos y los repaso veo que no tienen fuerza ni carisma, que ya no lo siento, que lo he escrito en un calentón, empiezo a escribir con un montón de ideas geniales que me van acabando por parecer una montaña de despropósitos.
Es como si en vez de caminar directo hacia un objetivo comenzara a tambalearme penosamente.
Pero a pesar de esto quiero que sepas que te quiero mucho y voy a intentar trabajar mañana para hacerte la entrada que te mereces, y también para intentar aprender un poco de wordpress y consegir colocar una pestaña.
Para demostrarte mi amor te dejo este nocturno de Chopin, famoso por pertenecer a la BSO de El Pianista de Roman Polanski
About Una vida nueva
Canan habló con el niño que nos llevaba al instituto con una voz dulce que nunca había empleado conmigo:
- ¿No te hacen ver negro el mundo esas gafas de sol?
- No -respondió el niño-, porque yo soy Michael Jackson.
- ¿Y qué opina tu madre de eso? Mira qué chaleco tan bonito te ha hecho.
- ¡Mi madre no se mete en eso!


